A cada invocación respondemos:
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
¡Oh Glorioso San Pedro! Te suplico:
Por aquella presteza con que, a la primera invitación del maestro, dejaste todo cuanto tenías para seguirle, dame la libertad para seguir a Jesús con un corazón libre y dispuesto.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
Por aquella fe con que creíste y confesaste a Jesús como el Mesías, haz que yo también confiese mi fe con valentía.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
Por aquella humildad con que, viendo al Maestro a tus pies, rehusaste que te los lavase; haz que yo también sea humilde como tú.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
Por aquellas lágrimas con que amargamente lloraste tus negaciones; haz que yo también me arrepienta sinceramente de mis pecados.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
Por aquella imponderable fortaleza con que diste tu vida por Cristo, haz que yo también sea capaz de desgastarme sirviendo a Dios en los hermanos.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
Alcánzame, ¡Oh glorioso san Pedro! que, imitando tus virtudes, alcance el triunfo sobre todas mis pasiones; y concédeme, especialmente el don del arrepentimiento para que, purificado de toda culpa, goce de tu amable compañía en la gloria del cielo.
Concédeme la gracia de seguir a Cristo con fidelidad.
ORACIÓN FINAL
Glorioso San Pedro: Tú que recibiste del Señor el encargo de pastorear su rebaño te pedimos por el Papa, Sucesor tuyo, para que junto con los obispos y sacerdotes, pastoreen con fidelidad el pueblo de Dios. Te pedimos, de un modo especial, por nuestro parroquia, que está bajo tu patrocinio, para la cuides, la protejas, la animes y nos ayudes a formar una comunidad floreciente, dinámica y fiel al Señor. Amén.